A raíz del conflicto entre Rusia y Ucrania, se ha puesto nuevamente en relieve la complicada situación energética en el país alemán. Recientemente, el Ministro de Economía Robert Habeck reconoció que las importaciones de energía fósil desde Rusia son esenciales para mantener la paz social en Alemania y que, por ahora, el suministro a los hogares no puede garantizarse de otra manera. Debido a la fuerte dependencia energética alemana, el bloque europeo queda debilitado en la lucha económica frente a Putin, ya que imposibilita la imposición de un embargo al gas, petróleo y carbón de Rusia por las consecuencias tendrían.
Tal y como ha señalado Sueddeutsche Zeitung, sin embargo, esta situación podría ser el momento oportuno para impulsar la transición energética en Alemania. El ministro de Finanzas, Christian Lindner (FDP), fue claro: "Las energías renovables nos liberan de las dependencias”. Proyectos verdes, como la construcción de turbinas eólicas o plantas fotovoltaicas, haría que la producción de energía sea más sostenible, y que Alemania dependa menos del gas ruso.
Sin embargo, a pesar de los esfuerzos que se puedan hacer desde el Gobierno Federal, la nueva taxonomía verde de la Unión Europea podría ocasionar un obstáculo para la transformación energética. El motivo radica en el Artículo 8 de la Taxonomía de la UE, que clasifica las inversiones como sostenibles y no sostenibles, con el fin de dirigir la inversión hacia proyectos que considera más sostenibles y prevenir el “greenwashing”. Además, un banco que quiera invertir en unos de estos proyectos verdes deberá cumplir dos puntos esenciales: la empresa financiada más de 500 empleados y debe estar orientada al mercado de capitales, por ejemplo, emitiendo bonos o acciones.
El problema de esos requisitos adicionales, según Andreas Gruber, director del departamento de sostenibilidad del Banco de Crédito Alemán (Deutsche Kredit Bank, KDB), es que provoca que muchos proyectos que impulsan la generación de energías renovables no se consideren sostenibles y, por tanto, no obtengan beneficios en la financiación necesaria para su realización. Por ejemplo, muchos proyectos de construcción parques eólicos quedan fuera de la consideración de sostenible, ya que quienes lo construyen suelen constituir una empresa pequeña únicamente para este fin.
Que estos préstamos no se consideren verdes es un problema para los bancos y para toda la transición energética en general. Más allá de que los bancos no puedan anotar en su contabilidad la financiación de proyectos sostenibles y, por lo tanto, no tengan incentivos extraordinarios para financiarlos, entra en cuestión otro reglamento europeo, cuyo objetivo es impulsar a los bancos a conceder más préstamos verdes y aumentar así su llamado Green Asset Ratio. Se trata de una ratio que los bancos tendrán que se supone que muestra el grado de ecología de los préstamos de un banco.
Dado que muchos préstamos pueden dejar de considerarse verdes, esa ratio del banco que financia muchos proyectos de energía eólica podría descender al 0 %. Sin embargo, una institución bancaria que financie a empresas nucleares y de gas podría entonces tener una mejor cuota, ya que muchas empresas de este sector tienen bastantes empleados, están orientadas al mercado de capitales y la UE podría considerarlas ecológicas bajo ciertas condiciones. Una posible solución para el problema de la financiación bancaria podría pasar por incluir voluntariamente los préstamos a las empresas más pequeñas en la cuota y posteriormente calificar los préstamos como verdes, según explican desde el KDB.
Por otra parte, la Comisión Europea argumenta que la norma se ha redactado para que las pequeñas y medianas empresas tengan el menor esfuerzo burocrático posible. De igual manera, no descarta la posibilidad de que a partir de 2025 también se incluyan en el cálculo verde las empresas más pequeñas o sin orientación a los mercados de capitales, como podrían ser empresas públicas.