De acuerdo con el portavoz del Gabinete, tal y como ha recogido Arham, las economías emergentes están especialmente expuestas a conflictos externos. En Egipto, esto se ha visto reflejado en la subida sin precedentes de los precios de bienes y servicios y en el alto coste de la financiación debido al aumento de las tasas de interés de los bancos para frenar el aumento de la inflación.
Además, la crisis ruso-ucraniana, ha contribuido al aumento en los precios de la energía, los alimentos y los minerales, así como al creciente estado de incertidumbre entre los inversores que ha conducido a la reducción de sus inversiones de muchos países emergentes.
La jefa de misión del FMI en Egipto, Céline Allard, aclaró que un conjunto de medidas de política macroeconómica y estructural aliviaría el impacto de estos conflictos en la economía egipcia, protegería a los más vulnerables y mantendría la resiliencia de Egipto y las perspectivas de crecimiento a medio plazo.
Allard agregó que la flexibilidad continua del tipo de cambio será esencial para absorber los efectos de conflictos externos y salvaguardar las reservas financieras, a la vez que aseguró que Egipto tiene una gran capacidad para pagar sus obligaciones en moneda extranjera. Hizo hincapié en la necesidad de políticas fiscales y monetarias prudentes para preservar la estabilidad macroeconómica.
Para garantizar la consistencia de las políticas, Egipto y sus instituciones continúan cooperando con todos los socios e instituciones internacionales.
En la última década, Egipto ha recurrido al FMI varias veces. En mayo y junio de 2020 Egipto recibió préstamos de 2800 millones de dólares mediante un Rapid Financing Instrument (RFI) y 5200 millones con cargo a un Stand By Agreement (SBA), respectivamente. En 2016, el país recibió 12000 millones de dólares a través de una una Extended Fund Facility (EEF).